Cómo no pude darme cuenta que hay ascensores prohibidos, que hay pecados compartidos. Y que tú estabas tan cerca... No sé que acabó sucediendo, sólo sentí dentro dardos. Finjo que no sé, y que no has sabido. Y al perderme entres mis dedos, te recuerdo sin esfuerzo. Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos...