Finalmente, tú eres, para ti, el centro del mundo en el que vives, así como yo soy el centro del mundo en el que yo vivo.
¿Vivimos en el mundo infinito de las cosas de fuera o vivimos en el limitado y también grandioso mundo de mis cosas, mi mundo? ¿Cómo no sentirme el centro de este universo en el que vivo si toda su existencia depende de la mía?
No sería bueno que te confundieras. Esto no significa creerse el centro de mundos ajenos.
Sería terrible por ejemplo que, cuando nos encontremos, yo pretendiera ser el centro de tu mundo o, peor aún, si te cediera el lugar de ser el centro del mío. ¡Ah no no no!
Cuando tú y yo nos encontremos seremos dos mundos que se encuentran.
Seremos dos universos en contacto.
Tú, un universo con centro en ti.
Yo, un universo con centro en mí.
¡Será maravilloso! No lo dudes, cuando tú y yo nos encontremos...
