martes, 30 de agosto de 2011

Ahora nunca sé qué hora es, pero me da igual.

Y en ese momento quité la pila del reloj.
Quizá para hacerme creer que el tiempo paró en ese instante.
Quizá porque eso sería lo que más me hubiese gustado en ese momento.
Quizá para volver a ese instante cada vez que mirara el reloj.
La hora parada. El minuto exacto está metido en un reloj, para siempre.
Y ahora nunca sé qué hora es, pero me da igual.